viernes 27 de enero de 2012
Fiarse o no fiarse
Un desconocido entra en una pequeña papelería malagueña de barrio, realiza compras por valor de más de 60 euros, y cuando va a pagar descubre que no tiene suficiente efectivo. ¿Puedo pagar con tarjeta de crédito?, pregunta. Le responden que no, porque a causa de la crisis han tenido que prescindir del datáfono. Entonces dice que tendrá que ir a sacar dinero a un cajero cercano. Insiste en dejar allí toda la compra, pero la única dependienta le dice que no hace falta, que se fía de él. El hombre le repite que prefiere dejarla allí para darle mayor seguridad a ella, pero la señora le explica que no tiene ninguna duda de que él regresará para pagar. El desconocido sale con la compra y mientras saca el dinero del cajero piensa: ¿Por qué se habrá fiado de mí? Ahora mismo podría irme a mi casa y no pasaría nada... A los pocos minutos, entra de nuevo en la papelería y salda su deuda. El hombre y la mujer se despiden como si se conocieran de toda la vida. Me pasó ayer.
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1 comentarios.:
Aún, gracias a Dios, hay gente que se fía de la gente. Y, además, mucha gente es buena y tiene cara de buena persona;así que todavía pueden ocurrir historias como la que te ha acaecido.
Pese a que vivimos en un mundo en que,muchas veces,la gente no parece fiarse de sus congéneres, sin embargo, muchos piensan bien del resto; aún no hemos perdido, del todo, la confianza en el ser humano. Y, a pesar de la crisis, de las numerosas estafas, de la picaresca de algunos, el hombre de bien sigue confiando en su vecino.
Esperemos que durante mucho tiempo siga habiendo buena gente y podamos fiarnos unos de otros.
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