Hasta hoy, 22 de octubre, no hemos notado en Málaga el cambio de estación. El verano se hacía el remolón sin ganas de marcharse. Pero el otoño se ha cansado de esperar y por fin ha exigido su espacio y su tiempo. El cambio de estación siempre me ha parecido estimulante, un buen momento para la renovación externa e interna. La primera lluvia otoñal limpia las aceras y los bancos de los parques. Ayer también yo limpié y ordené algunas de mis estanterías. Comienza una nueva etapa, por dentro y por fuera.
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