jueves, 10 de marzo de 2011

El búho de peluche

Estaba sentado en el suelo de un parque, rodeado de mochilas y bolsas llenas de lo que parecían todas sus pertenencias; unos sesenta años; pelo abundante y gris; barba tupida también gris; no estaba muy sucio, pero su postura era la de alguien vencido por la vida. Pasé con mi bicicleta junto a él y me llamó la atención su mirada, que se dirigía con arrobamiento y melancolía infinitas hacia lo que yo creía su mascota: un perro o un gato fiel, en el sentido más profundo del adjetivo, que sostenía con cuidado entre su brazo derecho y su cintura. Me fijé bien y me sorprendí al comprobar que no era un ser vivo, sino un precioso búho de peluche.

1 comentarios.:

Anónimo dijo...

Esta tarde, camino de un concierto, vi una persona tirada al otro lado de la calle, “excusa” perfecta para no detenerme y pasar lo más rápido posible. Se trataba de un hombre, no sé si mayor o joven, no le veía la cara (ni se la quería ver). Dos o tres personas lo atendían. Por su aspecto, pensé que se trataba de uno más de los que tanto veo por las calles de Cracovia y en los que el alcohol y la falta de higiene llegan a levantarte (levantarme) el estómago. No sé por qué me acordé de esta entrada y del búho y pensé que ojalá tuviera un búho cerca que lo mirase con sus ojos oscuros y profundos. Seguí mi caminar, fui al concierto, estoy de vuelta y no se me quita la imagen de esa persona tirada en la acera... Hoy le ha tocado a él, y me digo que no estamos libres de encontrarnos en una situación parecida e incluso peor. Ahora, en casa, miro a mi alrededor y pienso lo afortunada que soy. Y le búho me mira con sus ojos grandes....Abrazos. Virtu