viernes, 31 de diciembre de 2010
A puerta gayola
Con el ipod renovado; con las cuentas cuadradas; con los amigos dispuestos; con el despacho ordenado; con propósitos de enmienda; con más familia por venir; con trabajo a destajo; con el local alquilado; con los dos libros a punto de publicar; con ilusiones a miles; con la tesis en el horno; con las dos sillitas cumplidas; con la crisis superada; con poco que perder y mucho que ganar; con la nevera vacía; con lluvia abundante; con las risas echadas; con el blog actualizado; con billete a la vida pero solo de ida... Así espero, paciente y alerta, al nuevo año. Cuando salga el 2011, en apenas unas horas, me encontrará a puerta gayola.
viernes, 24 de diciembre de 2010
Yo tengo tantos hermanos
¿Por qué de pronto descubrimos un mensaje nuevo en canciones antiguas y en el momento más inesperado? Eso me pasó hace un par de días en el coche con la versión de "Los hermanos" (Atahualpa Yupanqui) interpretada por Diego El Cigala junto con Andrés Calamaro. Desde entonces no deja de asomarse de vez en cuando a mi cabeza, y qué mejor día que hoy, Nochebuena, para recordar algunos de sus versos:
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar...
Cada cual con sus trabajos,
con sus sueños cada cual,
con la esperanza delante,
con los recuerdos detrás.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar...
Gente de mano caliente,
por eso de la amistad,
con un rezo pa' rezarlo,
con un llanto pa' llorar.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar...
Cada cual con sus trabajos,
con sus sueños cada cual,
con la esperanza delante,
con los recuerdos detrás.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar...
Gente de mano caliente,
por eso de la amistad,
con un rezo pa' rezarlo,
con un llanto pa' llorar.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Cartas antiguas
Ayer no paró de llover en toda la mañana. El cielo estaba cerrado. Tanto que tuve que encender las luces en mi luminoso piso. Ordenando algunos papeles, aparecieron varias cartas de hace algunos años (cuando todavía se escribían cartas en papel). Al ir a guardarlas en una caja donde conservo el correo de antaño, no pude resistir la tentación de echar un vistazo a algunas de las cartas que recibí hace casi 30 años. También descubrí varios de los cuadernos con relatos de mis viajes o de mis recuerdos. En esos documentos aparecen personas de las que ya no sé nada y otras que siguen presentes en mi vida. También me encontré con alguien que apenas reconozco y que tiene mi mismo nombre.
lunes, 13 de diciembre de 2010
El discurso del Nobel de Vargas Llosa
Suelo disfrutar mucho leyendo a Vargas Llosa (especialmente, en los últimos tiempos, sus artículos de prensa), y hace un par de días volví a deleitarme con su última creación: el discurso que pronunció el pasado 7 de diciembre en la recepción del premio Nobel en Estocolmo. Lo tituló "Elogio de la lectura y la ficción". Es un texto muy personal y a la vez muy lúcido. En mi opinión, expresa verdades como puños con una destreza lingüística fuera de lo común. Dejo aquí una de sus perlas:
"Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor".
"Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor".
domingo, 5 de diciembre de 2010
El robot de Paloma
Hoy hemos celebrado el cumpleaños de mi hermana Paloma. Entre otras cosas le hemos regalado un robot aspirador con estación de carga automática. Lo pusimos a cargar y, de pronto, mientras estábamos tomando el café salió él solo de su base y se puso a aspirar por todo el salón. La reacción general fue de admiración ante un aparato tan sofisticado y tan autónomo. Carlitos seguía al robot a todas partes arrastándose también por el suelo; Lucas recogía a toda prisa las piezas de su puzle para que no se las tragara el "bicho"; La abuela Tere no paraba de repetir "¡válgame Dios!"; se nos ocurrió echarle migas por el suelo para que se las tragara como si fuera un pajarito. En fin, todo un espectáculo. Me imagino que cuando llegaron las primeras televisiones a los hogares, hace ya muchas décadas, se montaría algo parecido.
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