lunes, 21 de diciembre de 2009
Sabinómano
Sabina es un poeta como la copa de un pino, y un golfo de campeonato. Una vez que te capta la secta de los sabinómanos es muy dificil salir, no se puede dejar de sabinear, siempre hay una buena excusa, una ocasión propicia, o alquien que te ofrece un pico de Sabina. Yo hace muchos años que fui abducido por sus versos y su guitarra. He intentado rehabilitarme algunas veces, pero no he tenido el valor necesario. Recuerdo aquellas sesiones en la asociación de sabinómanos anónimos: "Me llamo Raúl y soy sabinómano...". En cierta ocasión logré encadenar varios meses de abstinencia, hasta que el muy Sabina sacó "19 días y 500 noches". Mañana voy otra vez a un concierto suyo. No tengo remedio.
domingo, 13 de diciembre de 2009
El niño perdido
Se llamaba Diego. Tendría unos tres años y estaba junto al portal del bloque donde viven mis padres. Llegaba esta mañana yo con mi padre y al abrir la puerta el niño se coló como un suspiro. Al llegar al ascensor y comprobar que iba solo, le preguntamos dónde estaban sus padres. No logramos entender lo que nos decía con su media lengua. Salí a la calle a buscar a algún adulto que estuviera a cargo del niño, entré en la cafetería de al lado, nada. Al preguntarle dónde vivía, solo decía "abiba" y señalaba el bloque. Así que entramos de nuevo y decidí, antes de llamar a la policía, probar suerte en cada una de las cuatro plantas. Al llegar a la primera, Diego señaló una puerta, le dije que llamara y abrieron dos muchachas, entonces el niño corrió hacia dentro de la casa con gran confianza. Pero una de las chicas nos dijo que no lo conocían de nada. Lo llamé y subimos al segundo, donde Diego llamó a la puerta de la misma letra. Abrió un vecino que sí lo conocía de vista y sabía que vivía en la misma puerta del cuarto piso. Al llevarlo a su casa, el vecino descubrió que la madre no sabía que su hijo se había escapado a la calle. No dejaba de dar las gracias.
domingo, 6 de diciembre de 2009
Nueva York
Mi hermano y mi cuñada regresaron ayer de Nueva York. Ha sido un viaje corto, apenas cinco días, pero han tenido vivencias muy intensas. Una de las partes más interesantes de los viajes consiste en contarlo una vez que has regresado. Mientras me explicaban ayer los detalles de su estancia en la Gran Manzana, por un momento me trasladé allí recordando los dos años que pasé en la calle 23 con la octava avenida. Es una ciudad que produce, tanto al visitante como al residente, una adrenalina vital difícil de describir. Esta mañana, casualmente, la radio me ha despertado con una heterodoxa versión de la emblemática canción "New York, New York", que es un gran intento de resumir en unos minutos la magia de la Ciudad por excelencia.
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