lunes, 14 de abril de 2008

Paseo en moto

Ayer, con el buen tiempo otra vez aquí (lástima que haya llovido tan poco), me animé a sacar la moto (una Suzuki Marauder de 125, no muy grande, y corre muy poco) para limpiarle el polvo y después darme un paseo hasta la casa de mis padres. Lo disfruté mucho el paseo. El sol, el mar, la brisa, el aroma de los espetos asándose en la playa... La filosofía de los moteros fetén (no la de los locos que circulan como si estuvieran en un circuito de carreras) tiene sus buenos puntos: libertad, naturaleza, camino, compañía... Las motos de paseo son los caballos modernos, y el asfalto, aquellas sendas campestres o serranas. Hoy también he ido al trabajo en la moto, y he descubierto otra ventaja: la gran facilidad de aparcamiento.

2 comentarios:

Amaya dijo...

Me sorprende esta afición tuya a las motos. Es divertido el símil de las motos con los caballos del asfalto y sin duda alguna es cierto que es un vehículo ligero, rápido -porque galopa entre los atascos- y fácil de aparcar ( apenas necesita sitio) además de económico: es irrisorio la cantidad de "pienso" que necesita para su desplazamiento.
Pero al igual que los coches son elementos contaminantes de nuestras urbes; así que te recomiendo que desempolves la bici que arreglaste (recuerdo lo del pedal y aquel hombre tan eficiente)y además... "quien mueve las piernas, mueve el corazón" como rezaba un viejo anuncio de la sanidad pública y el propio Joan Manuel Serrat en su invitaciòn a los urbanitas a ejercitar nuestro músculo central.
Además desde tu casa hasta la Fundación, hay un hermoso paseo y una cómoda distancia para hacer el recorrido en bici. Así que aparca la moto en el abrevadero y saca la bici de paseo.
Bromas aparte, es una suerte poder alternar ambos medios de locomoción pero en cuanto a la Ecología, la bici es la alternativa perfecta.

Conchi dijo...

La verdad es que he recordado una moto Puch que nos regaló mi abuelo a mi hermana y a mí. Me encantaba. Mi hermana se quemó una vez la pierna con el tubo de escape y ya no volvió a cogerla, así que toda para mí. Me iba muchas veces a las afueras del pueblo, en plena adolescencia, y pasaba mucho tiempo en algún campo, sola con la moto. Qué bien se estaba, qué sensación de libertad con aquella moto y dándote el aire en la cara (en aquel tiempo no se usaba casco obligatoriamente). Aún la conserva y la utiliza mi padre para hacer los recados cuando hace buen tiempo.