lunes 23 de noviembre de 2009

Derechos de autor

Hace unos días recibí la liquidación de derechos de autor que cada año me envía la editorial por los libros vendidos el año anterior. No sé si le pasará lo mismo a otros que tengan libros publicados, pero para mí es como desempolvar un viejo álbum de fotos, que te recuerda que tuviste un pasado que, por mucho tiempo que pase, sigue siendo parte de tu vida. Más de una vez alguien me ha contado, con cierto entusiasmo, que se acababa de leer uno de mis libros publicado hace quizá un par de lustros. Por mucho que esa persona me explique cuánto ha disfrutado con él, a mí me resulta difícil ponerme en su lugar y contemplar el libro con ojos nuevos. Es la magia de la lectura.

jueves 19 de noviembre de 2009

Ha muerto Papá Pierre

Ayer recibí la mala noticia desde Douala: ha muerto Papá Pierre. Era uno de los enfermos que visitábamos cada domingo este verano en Camerún. Tenía 51 años, aunque aparentaba más de setenta. En nuestra visita semanal lo encontrábamos cada vez peor. Las misioneras ayudaron a su familia para que pudiera comprarle medicinas. Pero la muerte rondaba su frágil cuerpo. Era un humilde padre de familia que había recibido varios diplomas al mérito en el trabajo (estaban colgados con orgullo en el salón de la casa). Me recordaba mucho a mi propio padre. La noticia me ha transportado de repente otra vez a Camerún y me ha traido a la mente el drama africano hecho carne en un hombre con nombre propio. Descanse en paz, Papá Pierre.

domingo 8 de noviembre de 2009

El vendedor sesteante

Andaba yo el otro día, no con prisas, pero sí con diligencia, pensando en asuntos pendientes de resolver, a paso ligero. Pasé junto a un concesionario de coches con escaparates gigantescos que mostraban la mercancía. En una esquina de la cristalera, por dentro, había una pequeña oficina de vendedor. Y allí estaba él, el vendedor, sentado frente al ordenador, pero con los ojos cerrados. Completamente sopa. Echando su cabezadita de las seis de la tarde. Tan a gusto. Ajeno a todo y a todos. En la intimidad de un escaparate frente al que no dejan de pasar viandantes. Como si ya hubiera vendido todos sus coches del mes, e incluso del año. ¿Quién sabe cuánto tiempo haría que no entraba ningún cliente en el establecimento? Desde luego, no hay como un vendedor sesteante en un escaparate para preguntarte por el verdadero sentido de la vida y la inutilidad de tantos afanes.

domingo 1 de noviembre de 2009

Halago espontáneo

-¡Qué segura me siento al verle a ustedes por aquí! -le espeta de manera espontánea en plena calle una señora de unos 55 años a un par de policías nacionales de uniforme que salen de una cafetería en el barrio malagueño del Molinillo.
-¡Y yo que me alegro, señora! -le responde uno.
-¡Pues por aquí estamos! -le dice el otro.

He contemplado la escena esta misma mañana. Las sonrisas de satisfacción en la cara de los policías eran más que elocuentes. Me imagino que estarán acostumbrados más bien a lo contrario. Qué bien sienta un halago sincero, sin peloteo ni manipulación, en el momento oportuno. Qué fáciles nos salen las quejas y los reproches y cuánto cuesta el reconocimiento de lo positivo en los demás...

jueves 22 de octubre de 2009

París

Patear París al grito de a tout a l'heure; con los pies doloridos subir a la Torre Eiffel en ascensor al borde de la noche; volar hacia la inmensa cola del Moulin Rouge; la casa de François sin gato atestada de amigos; con los cruasanes calientes en la mesa del desayuno; dominar la ciudad desde la cúpula del Sacre Coeur al son de un arpista callejero; marcarse un baile espontáneo en el bar más fashion de los Campos Elíseos; bordear la ley por dos veces en las entrañas del metro; la pizza con tiramisú frente a la cosa nostra; pasear el Sena en barco sin romanticismo bajo los puentes; compartir una audioguía para seis en el museo de los impresionistas; sesión de chistes antes de dormir; y lo que queda en el tintero. Tres días en París.

lunes 12 de octubre de 2009

Feria del libro

Las relaciones públicas no son precisamente mi especialidad (por decirlo de modo diplomático) pero disfruto cuando cada año nos toca ir a saludar a nuestros amigos-clientes-colaboradores en la feria del libro profesional (LIBER) de Madrid o Barcelona. Me lo paso bien porque nos cuentan variadas historias e impresiones sobre sus editoriales y nos hablan con entusiasmo de sus novedades. El problema para mí son las novedades: todas me las quiero llevar bajo el brazo para disfrutarlas en plácida lectura solitaria o con mis sobrinos, hermanos, padres, cuñados y amigos. Al final me quedo con la miel en los labios y tengo que conformarme con el sucedáneo de los marcapáginas (que después se los mando a mi amiga Conchi que los colecciona desde hace años).